Plegaria del verano

Invoco al espíritu del verano, a sus lunas enloquecedoras, a sus desnudeces inaplazables, a su cadencia pausada, a su filosofía de supervivencia, a la sensualidad de la sombra, el viento fresco y el agua que acaricia a la piel agradecida. Para que me alivie de la hiperactividad, hiperutilidad e hiperproductividad.

Invoco al espíritu del verano, a la cosecha de las secretas verdades que crecen bajo tierra, que descansan en ella o se ensoñorean en el aire pendiendo granos y fruta. Para que brinden el alimento y el jugo, ahora que la tierra se cuartea y los manantiales menguan.

Invoco al espíritu del verano, a la conversación calma, al tiempo largo para tu acompañante, a los atardeceres esplendorosos. Para recuperar la paciencia, el agradecimiento por los pequeños regalos, la mente callada y los sentidos despiertos.

Invoco al espíritu del verano, a sus siestas y a sus fiacas, a sus leyes del sentido común, a su sabia rutina, a sus sorpresas a sus aventuras efímeras y también las perdurables. Para entrar en la vibración de la abundancia, de los acuerdos tácitos y del SÍ  al placer.

Invoco al espíritu del verano, al frescor de las mañanas, a las noches extendidas, a los olores y a las músicas que se condensan en el aire, al gusto por mostrarse y al deporte de la seducción. Para recuperar la curva, lo gratuito, los sentimientos expandidos, el instinto dilatado, la protección derretida y el amor porque sí.

Invoco al espíritu del verano para que mi cuerpo sea mi brújula.

Movimiento

Carlos Sepúlveda. 7-VII-2013

Imagen: Eeramar

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